Carta abierta a Eduardo Villanueva


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El 30 de abril de 2014 el periódico el Nuevo Día publicó una columna del Lcdo. Eduardo Villanueva Muñoz titulada Ser independentista.

A continuación mi respuesta.

1 de mayo de 2014

Estimado Eduardo:

Leí tu columna Ser independentista con mucho interés. Me pareció que en tu aproximación a lo que entiendes significa ser independentista hay una serie de afirmaciones e interrogantes que no se deben pasar por alto y deben ser objeto de reflexión para todos nosotros - independientemente de nuestras creencias políticas particulares. En este sentido, tus observaciones son un paso necesario en la continua discusión sobre nuestra definición. Creo que las interrogantes sobre quiénes somos, a dónde vamos y cuál es nuestro propósito en la vida, son las preguntas decisivas que todos debemos hacernos a lo largo de nuestras vidas. También creo que toda respuesta que nos demos será siempre preliminar; tan solo un prólogo a nuevas y continuas reflexiones sobre nuestra humanidad. El hombre que habla solo, nos recuerda Antonio Machado, espera hablar con Dios un día.

Dicho lo anterior, y en el espíritu de una conversación interrumpida que iniciamos en 1994 sobre G.E. Moore, tengo que tomar distancia de algunas de las premisas que entiendo informan tus afirmaciones. Adelanto en consignar que a mi juicio no hay absolutamente nada de objetable con ser independentista; de la misma manera que no hay nada de objetable con ser estadolibrista o estadista. Todas estas son posiciones políticas que argüiblemente están fundadas en lo que sus exponentes entienden es lo mejor para Puerto Rico. No cuestionó los motivos. No obstante, sí creo que es necesario enfatizar que estas posiciones políticas – por no hablar de otras - son opiniones, y que de manera alguna aseguran que sus respectivos exponentes tengan un acceso privilegiado a la verdad.

Es aquí precisamente en donde tengo mi mayor reparo con los supuestos de tu planteamiento: el ser independentista se postula como una categoría ontológica, en donde la afirmación de la creencia política define el ser. La argumentación analógica (que siempre es inconclusa) que haces a lo largo de la columna entre el individuo que nace, se cría, y madura y la noción de una voluntad colectiva puertorriqueña, supone en sus intersticios una noción de la identidad individual que adviene plenamente a ella cómo independentista. O dicho de manera retórica: Podría uno advenir plenamente a su identidad individual cómo estadolibrista, estadista, u otra creencia política? De mi lectura de tu columna me parece que al final de una discusión contestarías que no, que entiendes que la creencia política a favor de la independencia de Puerto Rico es consustancial con nuestra identidad. En este universo discursivo, ser estadolibrista o estadista no es solamente un error político, sino una deformación ontológica. La continua e insistente calificación de nuestra relación con los Estados Unidos como colonial no es tan solo un reclamo de participación y control en la toma de decisiones de nuestro destino político, sino una condena de la distorsión de nuestro ser como consecuencia de dicha relación. Este salto ontológico esta predicado, a su vez, en una metafísica histórica que postula las bondades del nacionalismo y de la voluntad colectiva como expresión de ese ser. Recuerdo en este contexto las ideas del mexicano José Vasconcelos y la raza cósmica de la hispanidad, o del nuevo hombre socialista del Che Guevara.

En la relación colono-colonizado según expuesto por Fanon y Memmi en sus respectivos trabajos – y sobre los cuales giras tácitamente - la lectura que estos hacen de la relación amo y esclavo en la Fenomenología del Espíritu de Hegel, suponen de todo un andamiaje conceptual que en todo caso hay que justificar. No basta con aseverarlo. Decir que los “colonialistas” envidian y resienten la entereza moral del independentista, y por eso lo depredan para mostrar sus inconsistencias, no pasa de ser una declaración de poco contenido existencial.

Desde una perspectiva histórica, el nacionalismo me ha parecido una fuerza irracional que mueve las pasiones políticas en direcciones peligrosísimas. Basta con recordar, entre tantas otras, las experiencias del fascismo alemán e italiano de mediados de siglo XX. El hecho sociológico de que diferentes grupos de personas compartan un lenguaje, costumbres, creencias religiosas, etc., no justifica que una concluya que es un valor que haya que cultivar y proteger. Lo que es accidental por definición no puede ser esencial, y la nacionalidad es un accidente histórico. En el campo político, lo que es decisivo son mis lealtades basadas en mis creencias, intereses, y las relaciones interpersonales de familia y amistad, que le dan sentido a la vida. Mis posiciones políticas no son producto de mi captación de verdades inmutables, sino exposiciones de mi creencia de lo que es mejor para todos nosotros, sujeto siempre - por supuesto - a rectificaciones.

La afirmación de una voluntad colectiva – en nuestro caso, la de todos los puertorriqueños – representa para mi lo peor de Rousseau. Un peligro inherente que acompaña la articulación de cualquier categoría política que se piensa para explicar procesos históricos, es creerse que tienen existencia propia. Yo nunca he visto al “Pueblo” de Puerto Rico. Al final del día es una abstracción pensada para explicar y justificar posiciones filosóficas, específicamente la del Estado político liberal. Las ficciones corporativistas, sean comerciales o políticas, inevitablemente subsumen y borran la identidad individual. Lo que sí veo son personas, individuos con todas sus fortalezas y debilidades, coherencias y contradicciones, pasiones y querencias. Creerse que hay una voluntad colectiva es cometer el error lógico de creer que porque algo pueda ser cierto de los individuos que componen un grupo o sociedad, por lo tanto es cierto del grupo o la sociedad como tal.

En fin, en cuanto a mi concierne, no se trata de ser independentista, estadolibrista o estadista, sino de ser humano.

Con nuestras diferencias, algunas supongo que insalvables, quedo con genuina estima

Andrés

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